Si quien lo lee tiene que esforzarse para entender qué hay dentro, lo pierdes en los primeros segundos.
Incluye un índice claro que anticipe cada sección y lo que encontrarán en ella. En mi caso desarrollé un pequeño esquema visual al inicio que funcionó muy bien para orientar al lector desde el primer momento.
Una estructura limpia transmite profesionalidad antes incluso de que lean una sola línea de contenido.
Todo el trabajo anterior no sirve de nada si quien lee tu portafolio no sabe cómo contactar contigo.
No lo pongas al final como si fuera un trámite. Hazlo visible, claro y accesible. Puedes incluirlo en varias secciones, siempre de forma coherente con el resto del documento.
En mi portafolio lo destacué especialmente al cierre, acompañado de un pequeño texto invitando a resolver cualquier duda. Ese detalle transmite disponibilidad, cercanía y confianza, tres cosas que un cliente valora enormemente antes de tomar una decisión.