Hay proyectos que te dan la oportunidad de crear algo desde cero, con total libertad creativa y con un reto real detrás. Pinkiz fue uno de ellos, y sigue siendo uno de los que recuerdo con más cariño de mi trayectoria.
Se trataba de una startup cuyo objetivo era competir en el mercado de las plataformas de compraventa de ropa entre particulares, en un espacio donde ya existían referencias consolidadas. La diferencia que quería marcar Pinkiz era precisamente lo que me tocó construir a mí: una comunidad real, con contenido de valor, con una voz propia y con un lenguaje que hiciera sentir a las usuarias parte de algo más que una simple plataforma de compraventa.
Cuando analicé el panorama de plataformas similares, detecté un hueco claro: ninguna de ellas cuidaba el blog, las redes sociales ni la creación de un lenguaje propio para sus usuarias. Se limitaban a ser escaparates de productos sin ningún esfuerzo por construir comunidad o generar contenido que aportara valor más allá de la transacción.
Eso era exactamente la oportunidad de Pinkiz, y también mi reto: convertir la plataforma en algo más que un mercado de ropa. Convertirla en un espacio donde las usuarias quisieran estar, participar y volver.
Lo primero que hice fue investigar al cliente ideal: quién era la usuaria de Pinkiz, qué le interesaba, cómo hablaba, qué consumía, qué la motivaba a participar en una comunidad online.
Con esa base, definí una estrategia de contenidos que giraba en torno a tres pilares:
El blog, que era el corazón del proyecto. Establecí los tipos de artículos que publicaríamos de forma regular: informativos sobre el funcionamiento de la plataforma, curiosidades de moda, entrevistas a personas del sector, historias de chicas de la comunidad con algo novedoso que contar y contenido sobre salud, nutrición y sexualidad, temas que interesaban realmente a ese perfil de usuaria.
El canal de YouTube, donde incorporé colaboradoras especializadas en distintas áreas para abordar esos temas de forma cercana y visual. Establecí un orden de guion y temáticas para que el canal tuviera coherencia y continuidad, y para que las usuarias encontraran un espacio de información y entretenimiento que fuera más allá de la moda.
Las redes sociales, donde el lenguaje y el tono estaban completamente alineados con el del blog y el canal, manteniendo la coherencia de la voz de marca en todos los puntos de contacto con la comunidad.
Una de las partes que más disfruté de este proyecto fue la creación del lenguaje de marca. Pinkiz necesitaba un tono cercano, amistoso, desenfadado pero a la vez informativo. Algo que conectara con sus usuarias de forma genuina.
Para conseguirlo, incorporé nuevas palabras que jugaban con el nombre de la marca. La más destacada fue "pinkiwoman", el término que usábamos para referirnos a las chicas de la comunidad. Ese tipo de detalle, aparentemente pequeño, genera un sentido de pertenencia enorme: cuando alguien se identifica con un término propio de una comunidad, deja de ser usuaria para convertirse en parte de algo.
Este trabajo de copywriting de marca es uno de los que más impacto tiene a largo plazo y uno de los que más valor aporta cuando se hace bien desde el principio.
La combinación de contenido de valor en el blog, presencia activa en redes sociales con un lenguaje coherente y el canal de YouTube con colaboradoras especializadas fue generando poco a poco una comunidad real alrededor de Pinkiz.
Las usuarias no solo llegaban a comprar o vender ropa: llegaban a leer, a ver vídeos, a participar. Y eso es exactamente lo que diferencia a una plataforma con comunidad de una que es solo un catálogo.
Este proyecto es un buen ejemplo de algo que aplico en todos los negocios con los que trabajo: el contenido no es un complemento de la estrategia, es la estrategia.
Cuando una marca invierte en crear contenido de valor, en desarrollar un lenguaje propio y en construir una comunidad alrededor de lo que ofrece, los resultados son mucho más sostenibles que los que genera cualquier campaña puntual de publicidad.
No se trata solo de escribir bien. Se trata de entender a quién le hablas, qué necesita escuchar y cómo hacer que lo que dices conecte con algo real en su vida.
Pinkiz fue un proyecto que me permitió ejercitar todas las disciplinas que más me apasionan: la investigación del cliente ideal, la creación de un lenguaje de marca desde cero, la estrategia de contenidos y la construcción de comunidad.
El resultado fue una plataforma con voz propia, con usuarias que se sentían parte de algo y con un contenido que les daba razones para volver más allá de la transacción.